miércoles, 25 de noviembre de 2015

Un nombre para nuestro espantapájaros.



Ulises, el espantapájaros que se sentía solo


espantapajaros

 Había una vez un espantapájaros de nombre Ulises. Se encargaba de proteger el campo de maíz de su creador, evitando que los pájaros se comieran las mazorcas aprovechando la ausencia del granjero. Llevaba ya muchos años en su particular trabajo y aunque al principio se sentía completamente plenoya comenzaba a notar la soledad de estar aislado en medio de los campos.
Este sentimiento se fue acrecentando hasta que un día decidió que su trabajo no estaba lo suficientemente valorado. Empaquetando las pocas cosas que tenía,Ulises tomó rumbo a otros pueblos para conocer a sus gentes, intentando hacerse hueco en la comunidad a pesar de tratarse de un espantapájaros fugado de su casa. No sabía si su creador le echaría de menos pero en esos momentos era en lo que menos pensaba.
Cuando llegaba a los pueblos todos se extrañaban de ver a un espantapájaros fuera de los campos de cultivo. Trataba de explicarles que lo que él quería era vivir como un humano y no sentirse tan solo, viendo cómo ni siquiera podía disfrutar de la compañía de los pájaros que tenía que ahuyentar. Mientras algunos meneaban la cabeza mostrando su desaprobación, la mayoría se ponía de parte del pobre espantapájaros comprendiendo lo mal que lo debía de estar pasando.
Entre el tumulto un hombre se adelantó: el granjero que le creó. Pensando que se enfadaría con él, nuestro amigo el espantapájaros agachó la cabeza esperando su reprimenda. Al contrario, el granjero le dio un fuerte abrazo diciéndole que estaba muy preocupado por él sin saber lo que le ocurría. Ahora que había escuchado la historia de sus propios labios entendió que debían poner fin a esa situación si querían vivir juntos felices.
Volvieron juntos a la granja, asegurándole el granjero que mañana todo sería diferente. Al levantarse Ulises encontró junto a su cama una ropa nueva con muchos bolsillos. Cuando se la puso descubrió que estaban llenos de frutos secos, regalo de la gente de los pueblos para que se los llevase al campo. Con la comida seguiría evitando que los pájaros se lanzasen a por los campos de maíz, pero que si se quedasen con él mientras comían de los frutos secos ya no se sentiría solo jamás.
De esta forma Ulises el espantapájaros ya nunca volvió a sentirse solo, agradeciendo la comprensión tanto de los habitantes de los distintos pueblos como de su propio creador.

Fuente: http://www.milcuentosinfantiles.com/

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